Chico Malo

CHICO MALO

Hay una frase que dice: los hombres cuentan historias que jamás vivieron y las mujeres vivimos historias que jamás contaremos, pero hoy romperemos esa regla y compartiré con ustedes mi historia inconfesable. Quizás lo hago porque el tiempo ha pasado y ya no puede molestar ni herir a nadie o tal vez lo hago ante la inminente necesidad de recordar que un día…también trasgredí los límites.

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Capítulo

Hay una frase que dice: los hombres cuentan historias que jamás vivieron y las mujeres vivimos historias que jamás contaremos, pero hoy romperemos esa regla y compartiré con ustedes mi historia inconfesable. Quizás lo hago porque el tiempo ha pasado y ya no puede molestar ni herir a nadie o tal vez lo hago ante la inminente necesidad de recordar que un día…también trasgredí los límites.

Año 1993 tenía alrededor de 20 y algo de años ya casada y con una bebé había dejado la danza mi gran pasión para dedicarme por entero a los deberes y quehaceres que el matrimonio tiene, la había dejado de manera constante pero cada cierto tiempo con Maylin mi amiga y compañera de baile, solíamos hacer presentaciones privadas. Ese día seríamos el número principal en la inauguración de una nueva galería de arte en la ciudad, Maylin pasó por mi junto a René su novio de años, llegamos a la galería algo retrasadas, nos bajamos corriendo mientras René estacionaba el auto, subimos las escaleras riendo y jugando como niñas hoy al recordarlo me doy cuenta de que eso era efectivamente una niña que se apresuró por crecer. Esas tonterías que hacíamos con Maylin, eran la forma de no olvidar que aún era joven y me permitían dejar de lado aun cuando fuera por un par de horas mi postura de esposa y madre, para divertirme como lo que simplemente era…una joven veinteañera.

Presentaríamos una coreo era de Flash Dance, la peli que marcó la vida de muchas bailarinas soñadoras como yo, nos vestimos y vendamos nuestros pies, apareció René y venía acompañado, estábamos tan apuradas que no reparé en quien le acompañaba, teníamos sólo 20 minutos para calentar y reconocer escenario antes que abrieran la galería. Maylin saltó sobre René le dio un beso y le dijo deséanos suerte, salimos listas para comenzar nuestro reconocimiento escénico, colocamos la música y realizamos algunos ejercicios de elongación, terminamos casi al filo de la hora de inicio. Fuimos tras bambalinas a esperar pasara la ceremonia y que nos llamarán para actuarla, la espera sería más llevadera con un café humeante para calentar el cuerpo, esa fría noche de julio, René fue por ellos y con el Marcelo su acompañante de aquella noche y muy cercano amigo. Cuando salieron pude observar a Marcelo, era alto, con el cabello largo y algo rizado que caía sobre su cara y le daba un interesante look, tenía un tatuaje en su mejilla derecha, la verdad tenía muchos tatuajes, llevaba una chaqueta y pantalones de cuero con unas botas con muchas hebillas que llegan hasta su pantorrilla, su aroma era peculiar, no se parecía a ninguno que haya conocido, usaba un perfume intenso que lo hacía muy interesante, varios brazaletes de cuero se dejaban ver bajo las mangas de su chaqueta negra, la que tenía una insignia en su espalda y rayas rojas en sus mangas que bajaban desde sus hombros hasta llegar a sus muñecas. Sus uñas pintadas de negro y su sonrisa llamaron mucho mi atención; intentando disimular la impresión más que grata que tuve de él pregunté a Maylin quién era ,me dijo ah¡ él es el Mono…Marcelo super amigo de René, el mono es un loco su vida son las motos y el rock, es lo que podemos llamar un real Chico Malo; chico malo esas palabras me gustaron, en mi vida sólo había conocidos chicos buenos y este chico malo, llamaba mucho mi atención. Sin embargo, en mi condición de mujer comprometida no dejé que se notara mi íntima reacción o al menos eso intenté. Cuando llegaron de vuelta René venía al frente y sólo con un café en su mano tras de él Marcelo y en su mano otro café, entendí claramente que ese café era para mí; mientras se acercaba yo no le quitaba los ojos de encima, ese chico no me era indiferente. Tomé el café y salí fuera de la habitación a un pequeño balcón, encendí un cigarrillo  esperando el llamado que tenía para un rato, la verdad salí huyendo de alguna forma de la mirada de Marcelo, en eso estaba cuando el apareció, estábamos solos en el balcón, se paró a mi lado y comenzó a hablarme, no recuerdo ni media palabra de lo que me haya dicho esa noche yo sólo lo miraba y pasaba por mi mente un sin fin de ideas y todas coincidían en dos cosas, que ganas de ser soltera y que ganas de tirarme a Marcelo. El frío de aquella noche me hizo volver de este sueño que tenía estando despierta.

Ese fue todo el contacto de ese momento al menos en lo que implica a conversar, pues las miradas fueron y vinieron durante todo el tiempo de espera de la presentación, una vez concluimos nuestro show con Maylin me dice que René debe pasar por la casa de sus suegros y que si no me importaba que se demoraran en irme a dejar; la verdad los suegros de Maylin vivían en una dirección totalmente opuesta a la mía y ya había  dejado a mi bebé mucho tiempo sola, le dije que no se complicara, que yo tomaría un taxi, entonces Marcelo dijo pero cuál es el problema la paso a dejar yo, al oír eso la adrenalina se apoderó de mí, Marcelo no me era indiferente y por lo visto tampoco yo a él. Salimos de la galería y caminamos unos metros, llegamos a los estacionamientos, pasamos casi todos los autos que quedaban ahí detrás de una camioneta la veo, Marcelo no andaba en auto el conducía una moto, un modelo clásico de carretera, roja con cromados brillantes, no sé de motocicletas pero esa me deslumbró; una moto, siglos que no monto en una moto, de pronto reaccioné y le dije pretendes que me suba a eso, claro me dijo nunca has montado motocicleta, sí contesté sólo que no un monstruo como este, él se río y me dijo anda será una experiencia, me pasó un casco se montó en la moto me miro y me dijo y vienes o no, me puse el casco sin estar 100% segura, la mayoría de las chicas de mi edad no lo hubiesen pensado 2 veces y se hubiesen lanzado a esa aventura, mi caso era distinto, sin embargo me deje llevar, total sería sólo esa aventura. Salimos del estacionamiento, aferrada con mis brazos al cuerpo de me gustaba experimentar. Entré a la casa de Maylin, fui hasta la parte trasera donde solíamos ensayar, al pasar por el patio pude ver a René y Marcelo que conversaban y bebían, pasé rápido casi queriendo hacerme invisible pero René gritó un hola¡ y ambos me miraron, yo devolví el hola y sonreí para ocultar mi extraña incomodidad, pasamos la tarde ensayando y ya entrada casi la noche René y Marcelo llegaron donde estábamos y nos dijeron  basta de ensayos, es hora de un relax, le dieron una cerveza a Maylin, Marcelo se acercó a mí con una en la mano y me dijo tómate un descanso, le contesté gracias pero no bebo alcohol, la verdad nunca bebí alcohol de joven, no me gustó, bueno dijo entonces será un jugo o algo y un cigarrillo ¿eso si me aceptas? claro y así sin darme cuenta entre una entretenida charla y las miradas entre Marcelo y yo, las horas pasaron sin saber cómo. Sin embargo una vez más aterricé en mi realidad, recordé que en casa me esperaban, me despedí y salí muy rápido ya había demorado más de lo habitual, me paré en una esquina a esperar un taxi y apareció Marcelo, me dijo ¿te llevo? no gracias  le dije con una aventura en moto tengo bastante, no…me dijo ahora no ando en moto ando en mi Jepp, entonces apuntó a la entrada de la casa de Maylin y pude ver un jeep descapotable azul, otra nueva experiencia, nunca me había subido a un jepp y menos a un descapotable, quería negarme pero no pude…mentira no quería negarme más bien sentía que debía hacerlo, quería vivir ese momento y quería vivirlo con Marcelo. Nos miramos y como si fuésemos infantes traviesos, rompimos en una carcajada y sin más corrimos hasta el jeep y nos subimos. Marcelo era un par de años menor que yo pero ambos éramos muy jóvenes; esta vez el paseo fue más largo y antes de llegar a mi casa detuvo el auto, apagó el motor, pasó una de sus manos por su pelo llevando su cabellera hacia atrás, sus mechones volvieron a caer sobre su cara, esta acción me pareció tan sensual tan exquisitamente provocadora que mis ojos se pegaron mirándolo y él me miró también, comenzó a acercar su cara a la mía en evidente acción de besarme entonces y aun cuando no era lo que sentía le dije oye¡ un momento ¿qué te pasa?, soy casada…pero no muerta me contestó; esta respuesta me remeció ya que en verdad había una parte de mí que sentía había perecido, se había apagado mi parte aventurera, algo alocada e irresponsable; casada con Román todo era distinto, éramos los polos opuestos él retraído, inseguro, temeroso y por nada arriesgado y yo…

bueno yo mucho más atrevida y deseosa de experimentar la vida. Sin embargo con la llegada de nuestra bebé había tenido que bajar mi intensidad y controlar muchos de mis impulsos y ahora estaba frente a este motoquero que me recordaba los mejores momentos de mi soltería, resuelto y decidido, todo de él me encantaba, su ropa, su estilo, su pelo ufff como me embobaba ese pelo que caía sobre sus ojos y tapaba una parte de su cara; sin mucho argumento dije estamos muy cerca de mi casa…mi comentario llevaba un mensaje escondido que ansiaba él entendiera. Entonces esbozó una sonrisa, dio todo el volumen a la radio y el rock inundo el ambiente y nuestras cabezas, encendió el auto y aceleró; el jeep descapotable dejaba que el viento moviera nuestros cabellos, Marcelo me hablaba casi gritaba, pero la música que sonaba tan fuerte no me dejaba entender lo que decía, eso me hacía reír como una adolescente y olvidando mi vida me entregué a vivir ese momento con todo lo que viniera. Tomamos la carretera y cada vez que cambiaba de marcha pasaba a rozar mis piernas, cada roce me estremecía y ya consciente de lo que venía me lancé sobre su regazo y abrí su pantalón; describir el camino se me hace imposible, me sumergí entre sus piernas y mientras el conducía yo buscaba su miembro para atraparlo con mi boca y así seguí todo el camino tragando y chupando el pene de Marcelo, sintiendo la música y sin pudor. Condujo hasta un mirador desde donde se veía la ciudad, bajamos del auto, sacó una botella de tequila y me dijo si la vamos a hacer que sea completa¡ abrió la botella y le dio un sorbo muy largo, la acerco a mí y me dijo y, ¿te atreves? a esa altura de la situación ya daba lo mismo, le di un trago que no saboree, pasaba el licor directo sin sentir su gusto, sólo sintiendo como incendiaba mi garganta, igual como Marcelo me iba incendiando a mí. Colocó la música aún más fuerte, comenzó a moverse en algo que presumo para él era baile, movía su cabeza y su pelo se agitaba, se agitaba fuerte, tanto como mis ganas; dimos más tragos a la botella, me tomó de la cintura y rockeamos a todo dar. Yo estaba ebria pero consciente, no será esa una disculpa para lo que vino después, Marcelo se quitó la chaqueta y gritó ven entra conmigo a la zona peligrosa, no entendí de qué se trataba pero sin pensarlo quedé descalza, la música me envolvía y dábamos vueltas corriendo por el jepp;  yo reía y me sentía libre, de pronto chocamos y quedamos enfrentados cara a cara, Marcelo me tomó del pelo y lanzó mi cabeza hacia atrás, me besó en los labios y respondí a su beso, seguimos besándonos y poco a poco quedé contra el capot del jeep; el cabello de Marcelo caía sobre mi cara, era tan excitante todo para mí, comenzó a meterme mano primero mis pechos, luego mis muslos no era suave era rudo, me aprisionaba contra el capot y sentía su falo erecto que colgaba fuera de su pantalón contra mí, me colocó sobre el jeep, pude ver  que su camiseta dejaba al descubierto sus brazos completamente tatuados, me desabotonó la blusa y sacó mis pechos al aire, los roció con tequila y comenzó a beberlo desde allí. El tequila corría por mis tetas y bajaba por mi pecho hasta llegar más abajo de mi ombligo yo no pensaba sólo dejaba fluir, bajó mis pantalones y siguió el caudal del chorro de tequila que se deslizó hasta mi pelvis, lo seguía con su lengua y lo bebía; sentir que se acercaba a mi sexo me excitaba, corrió mis bragas y dejó que el alcohol llegara a la entrada de mi vagina, entonces se lanzó en picada a lamer. Mi vagina estaba inundada de mis jugos y de alcohol y al recibir las chupadas y mordidas de Marcelo sentía que me acabaría sin poder evitarlo, tomó mi mano y la llevó a su pene, sin soltarla comenzó a indicarme el ritmo en qué deseaba que se la corriera y así lo hice. El me lamía yo lo masturbaba, se puso frente a mí y me miró fijamente mientras yo seguía corriéndolo sin parar que duro que estaba ese pene, quitó mi mano y comenzó a corrérsela el mismo, me  miraba y disfrutaba que yo lo observara, metió sus dedos en mi boca e instintivamente comencé a lamerlos uno a uno, como si cada uno de ellos fuera la extensión de su sexo erecto, el movía su cabeza y sacudía sus cabellos yo me aferraba al capot para no resbalar…la música seguía fuerte y este rockero se montó sobre mí para dar su mejor concierto; me penetró sin suavidad mas no sentí molestia ni dolor, la lubricación de mis paredes era tal que su pene pasó sin mayor esfuerzo tocando tan a fondo que me alzaba sobre el capot, algo de dolor sentí cuando penetraba tan profundo pero eso no era mayor al placer que sentía, la noche nos cubría con su manto y se convertía en cómplice mientras follábamos. Me sostenía con todas mis fuerzas para no resbalar del auto, mientras mi culo golpeaba contra el capot ante los fuertes choques de las penetradas de Marcelo, el golpeteo de sus muslos contra mis entrepiernas era violento y mientras yo más me quejaba y gemía más fuerte se estrellaba contra mí, sacó su falo  y se puso de pie sobre el capot, mirándome con sus ojos distorsionados tomó su pene y comenzó nuevamente a corrérsela yo lo miraba y acompañaba su sinfonía frotando mi clítoris con mis dedos mientras nuestros miradas se mantenían una frente a la otra casi sin pestañear para no perder segundo de cada gesto, de cada contracción que nuestros rostros experimentaban al sentir que el estallido de placer se acercaba. Lo miraba hacia arriba poderoso, pujante, caliente y excitado, hambriento de acabar. Comencé a sentir el goteo de su pene que abrió paso al estallido que cayó sobre mi cara, no conforme regó mi cuerpo con su semen, se arrodilló sobre mí, tomó mi cabeza y me dijo chupa¡, saboree cada gota de su licor, de su leche salobre y densa, trague y sentí correr por mi garganta el fuego de su semen; satisfechos y ebrios entramos al jeep, encendimos un par de cigarrillos y nos dejamos ir. Despertamos por el sonido de los autos que pasaban por la carretera, abrí los ojos y me di cuenta donde estaba y con quien, desperté a Marcelo se incorporó y me dijo ¿y ahora qué hacemos?, lo miré y ante hechos consumados dije nada, la vida es para rockear, total y a final de cuentas ya tenía una historia para contar…

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