Dominación

DOMINACIÓN

Cuando decides abandonarte al placer del sexo y no colocas limite para sentir, entonces podrás descubrir las sensaciones más intensas y brutales, atravesando el umbral de lo establecido permitiendote disfrutar de una salvaje dominación.

05

Capítulo

Como decía la vieja sabia el león no siempre es como lo pintan…conocí a Eduardo por temas profesionales, tuve contacto directo con él en muchas, muchas ocasiones, después de un tiempo me fui del lugar donde trabajaba, al paso de unos años me encontré con Eduardo creo un par de veces y en otras ocasiones un par de mensajes nada especial. Fue ese verano en que ocurrió algo que ni siquiera me esperaba, no recordaba muy bien su cara, pero si recordaba su voz, su palabra…hay atributos en los hombres que en lo personal me provocan y una voz que seduce con la palabra es uno de esos.

Era una más de aquellas de insomnio, acostada con las ventanas abiertas y el ventilador encendido revisaba mis RRSS, eran cerca de las 4 de la mañana cuando Eduardo me escribe, un hola qué hace despierta a esta hora, fueron sus primeras palabras, contesté y empezamos a conversar. Sus palabras me sabían más desinhibidas y esa no era la imagen que yo tenía de él, lo veía un hombre serio, formal, educado, profesional podía haber entendido que se debía a que ya no hablábamos de trabajo, pero de igual forma me llamaba mucho la atención. La conversación siguió por un buen rato hasta que en un momento comenzó a decir cosas que no entendía o mejor dicho entendía pero no creía, resultó que Eduardo ya no me miraba ya con los ojos profesionales  muy por el contrario, fueron muchos los halagos que me hizo en esa conversación para terminar diciendo que yo le parecía una mujer muy deseable,  me contó que había salido de copas, entonces le dije que tal vez era eso, que el  alcohol hablaba a través de él, aceptó que llevaba unos cuantos tragos encima  pero me dijo que eso solamente había generado en él el valor necesario para decir lo que le pasaba, me impactó mucho y me provocó mucho interés. Revisé su perfil y miré sus fotos, recordé perfectamente, de la nada me dice que le gustaría darme un beso…no tengo muy claro que pasó entre medio, pero en un momento se desconectó, pensé ok…no le di mayor importancia y dije: una anécdota más en mi vida. 15 min más tarde cuando  ya me disponía a dormir, entra un mensaje en mi teléfono, me decía que estaba fuera de mi casa, eran más de las 5 de la mañana, pensé es broma, me levanté un tanto ansiosa, busqué lo primero que encontré y me vestí tomé mi teléfono mis llaves y salí… y oh sorpresa ahí estaba Eduardo en su auto,  me invadió un nerviosismo, primera vez que me ocurría algo así en mi vida. Suelo ser percibida como una mujer de carácter, decidida, empoderada pero en ese momento me convertí en la mejor actriz para poder enfrentar la situación que me tenía descolocada,  lo saludé con un beso en la mejilla y comenzamos a conversar, retomamos el tema que conversábamos por mensajes, estaba muy nerviosa, no incómoda pero definitivamente nerviosa, mientras hablábamos de repente se abalanzó sobre mí y me besó,  para mí un  beso siempre ha marcado un antes y un después, un mal beso puede generar rechazo, no fue el caso, los labios calzaban perfectos, las lenguas jugaban a la par, el beso era ardiente, apasionado, caliente, con deseo, con ganas…me tomó de los hombros y me apretaba muy fuerte, por mi cabeza pasaban mil cosas  pero dije ok dale… entrégate,  respondí el beso con la misma pasión e intensidad que él entregaba; de los besos pasamos a las caricias, todo se iba encendiendo…por la hora y por el lugar debimos parar le dije que debía entrar, lo entendió, entré a  casa y él se fue. Esa noche no dormí, sorprendida sin explicación y principalmente encendida, pensaba…maldito amanecer que llegaste tan rápido, no podía calmar mi ansiedad, el fuego ya se había encendido y si no la apagaba no dormiría. Cerré los ojos y comencé a tocarme, ayudó mucho el aroma que quedó de Eduardo en mí y finalmente y gracias un orgasmo, logré relajarme y dormir…me levanté unas horas más tarde y comencé mi día. Cada cierto momento me sonreía recordando la extraña pero entretenida experiencia que había vivido esa madrugada…cerca de las 3 de la tarde salí en mi auto, realicé compras y otras cosas,  sonó mi teléfono, al verlo y sin contestar mi corazón se agitó y me invadió una fuerte sensación de ansiedad, contesté…me dijo hola ¿en qué anda? le dije que debía ir a dejar unas cosas a un departamento que tenía a cargo, pero si quieres puedes pasar donde yo estoy…me dijo que sí, le di la dirección y corté. 

Caminé hacia el departamento y al llegar Eduardo me esperaba en esa esquina, no sabía cómo comportarme era todo tan loco, todo tan raro, tan extraño pero a la vez seductoramente entretenido,  la tensión sexual era evidente lo saludé demostrando tranquilidad y dominio, DOMINIO… como me pesaría esta palabra después, subimos me ayudó en algunas cosas, pero entre los ir y venir y cada vez que nos cruzábamos su energía era tan fuerte que me provocaba, habían cosas que me frenaban… era Eduardo, este hombre correcto, caballero ¿qué estaba pasando? pero me entregué al juego de la seducción. Me seguía por el departamento y cuando estaba tras de mí lo sentía cual macho que  va tras de la hembra que se encuentra en celo. Me tomó de la espalda, comenzó a besarme de la misma forma que lo hizo aquella madrugada, el beso era perfecto, bocas que se devoraban, lenguas entrelazadas saboreándose,  la respiraciones agitadas podía sentir mis y sus latidos acelerados, sus manos me  recorrieron completa, en una carrera por tocar cada rincón,  mis pechos los tomaba y los dejaba caer y me miraba, los apretó con tanta fuerza hasta hacerme sentir dolor, bajó por mi espalda, acarició mis muslos y poco a poco me llevó a una de las habitaciones, me tumbó en la cama, sin ninguna delicadeza me arrojó a ella, ¿quién era este hombre? no reconocía en el a Eduardo, los cosquilleos en mi cuerpo no paraban ya no pensaba sólo me entregaba a sus besos y a sus caricias  me tomaba del pelo, daba tirones, metió su mano entre mis piernas, la excitación ya había hecho su efecto… se puso sobre mí y pude sentir su miembro duro, lo restregaba sobre mi pelvis y en cada movimiento me hacía estremecer, comenzó a bajar mi vestido, me miró tomó con fuerza mis pechos una vez más los juntó y los lamía y besaba ambos a la vez, era una delicia sentirlo, era un placer cada lamida que recibía, terminó de bajar mi vestido…no llevo ropa interior en los veranos, se encontró con mi sexo expuesto y se lanzó en picada a lamer a  jugar con su lengua, recorriendo mis labios, mi clítoris, mis piernas, hasta casi casi hacerme acabar, se quitó la ropa pude ver su verga erecta… verla fue desear que la pusiera de una vez dentro de mí… así lo hizo, se montó sobre mí comenzó a penetrarme, mientras besaba mi cuello, mis pechos, mordía mis pezones y me repetía que adoraba mis tetas, así con esas palabras, apretaba mis manos, tensaba mis pies me agarraba de la almohada con desesperación, ¿qué estaba pasando? con cada penetración me hacía gemir, gemir de placer, trataba de controlarme de dominarme, era imposible, palabras como rico, más, sigue…salían de mi boca incontrolables,  al escuchar se excitaba más y me penetraba más y más duro, no duró mucho nuestro encuentro, terminamos acabándonos más rápido de lo que hubiera querido, era tanto el grado de excitación que nos fue imposible alargar ese momento. Cuando acabamos se levantó al baño, sentí ganas de decir trágame tierra, creo que es típico que después de una buena cogida tu cabeza se enfría y te preguntas ¿qué hice? para el caso ya daba lo mismo, me vestí, el regresó, preguntó qué haría yo le expliqué que debía seguir ahí, dijo ok hablamos, se despidió con un beso y se marchó. Terminé mis cosas con sólo un pensamiento, sólo una imagen en mi cabeza…la verga de Eduardo…erecta, dura, firme no podía sacarla de mi cabeza, pasaron unos días acompañada de esa imagen. Nos volvimos a ver, fuimos al depto. pero esta vez no hubo preámbulo, sólo bastó cerrar la puerta para que Eduardo se echara sobre mí y a tirones me arrancara la ropa, me besaba…me besaba con fuerza con ganas, de esa forma que a una mujer le gusta ser besada, sin tibieza dándolo todo en ese beso, esa caricia en el recorrido de mi cuerpo; me arrojó sobre el sillón y comenzamos a coger, esta vez, esta vez Eduardo se portó casi como un animal, me tomaba y me poseía a su antojo, las veces que quería ya no sólo lamía mis pechos los mordía, los apretaba duro, tiraba de mi pelo con fuerza, me tomaba y me colocaba como a él se le venía en gana…como dije al principio “como me pesaría la palabra dominio”,  pasé de ser la hembra dura y dominante a transformarme en su puta, en su maldita puta que lo dejaba ser a voluntad, se complacía con mi cuerpo como él quería, golpeó mis muslos con fuerza, dejó sus manos marcadas y enrojecida mi piel, tiró de mi pelo una vez más, se colocó tras de mí con una pierna en el piso y la otra sobre el silla, me embestía como un animal, con cada penetración yo gemía casi gritaba, giraba mi cabeza y trataba de verlo y ahí estaba, ese macho dominante dueño de la situación haciendo conmigo y con mi cuerpo a su voluntad, me sentía dominada, sometida y convertida en su puta pero todo eso me excitaba y me prendía más. Me cogió y me cogió y cuando yo estaba a punto de acabar sacó su verga, se paró frente a mí y con un fuerte movimiento que para mí fue una orden me bajó al piso…automáticamente abrí mi boca y comencé a sentir como su verga entraba en ella, casi hasta ahogarme, el gemía muy despacio, jadeaba, levantaba su cabeza y me tomaba, cada vez que penetraba mi boca lo hacía con más fuerza. Casi llegando al clímax quitó su exquisita verga de mi boca y se acabó en mi cara, su semen corría por mi cara, mi boca goteaba y yo estaba extasiada…total y absolutamente extasiada, tanto que sin saber cómo el orgasmo también llego a mí. Cuando acabamos me levanté al baño me miré en el espejo, mi pelo estaba revuelto, mi cuerpo enrojecido mi cara sudada y repleta de su semen, una sonrisa se dibujó en mi boca comencé a lavar mi rostro y a ordenar un poco mi pelo, regresé y me vestí. Cuando Eduardo estuvo listo salimos del departamento, cada uno en su auto me despedí y me fui. Los días pasaron y hubo nuevos encuentros, todos similares pero ninguno igual, en cada uno de ellos dejó marcas en mi cuerpo, pechos moreteados, piernas marcadas y un dolor interno como pruebas de su brutalidad…y aquí estoy adicta a su verga a sus cogidas salvajes, convertida en su esclava y comprobando que una cosa es imagen y otra, otra muy distinta es identidad…

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