El CALLEJÓN

Historia de una ejecutiva regresando de un día extenso, se encuentra con una situación muy osada que volverá su noche en una intensa e excitante experiencia, la complicidad te hará llegar al límite.

Historia : Mabel P.Relato : Mabel P.

02

Capítulo

19:15 y otra vez atrapada en la oficina, es martes recién y una vez más me quedé trabajando, fría tarde de invierno me acompaña, con unas cuantas tazas de café y cigarrillos en el cuerpo estoy exhausta. Nadie más en la oficina…tomo mi abrigo y mi cartera y camino hacia mi auto…el viento golpea fuerte y desordena un poco mi pelo. En el trayecto enciendo otro cigarrillo más, subo el volumen al máximo y en mi inglés desarticulado conduzco cantando por la carretera oscura.

En 30 minutos estoy en mi casa, aparco el auto y espero el ascensor, demora y ya no quiero esperar; me quito mis tacones amarillos y subo las escaleras, se me hacen eternas, sólo deseo llegar a mi departamento tirar todo, arrancarme la ropa y darme una ducha. 

Al principio y cada noche, después de la separación y desde que mis hijos ya no viven conmigo, la llegada a casa era algo sombría pero el tiempo que todo lo sana, me ha regalado una libertad y un espacio que me merezco y atesoro. Pero esta noche es extraña, quizás la melancolía de este invierno, quizás tanto tiempo de una cama compartida a ratos o quizás el despertar silente y solitario…en fin, a pie descalzo voy por una camisa vieja dejada no sé por quien, que será mi único atuendo esta noche, descorcho una botella de vino blanco que tenía en el frio, me sirvo una copa y coloco música, jazz, siii como me encanta el jazz, jugueteo por mi departamento cantando y moviéndome al compás de esa música que me transporta, es hora de preparar la cena pero el dulce sabor del vino y el jazz que suena sueva me embriagan y no quiero cocinar. Desde mi balcón frente a la costa la noche se ve intensa, oscura y fría, aun así y sólo con esta vieja camisa salgo para sentir en mi cara este aire frio, miro al horizonte pero no pienso, solo quiero sentir el aire frio; en ese recorrido visual de la ciudad desde mi 6to piso me cautiva una pareja, ellos caminan por un callejón bajo el edificio, se dirigen al único auto estacionado nadie más en la calle, ningún otro ser contempla la escena más que yo, me seduce mirarlos y la íntima curiosidad de saber que hacen ahí, prontamente mis dudas se desvanecen, él la toma por la espalda y comienza a besar su cuello, mientras acaricia sus caderas, ella lleva un abrigo y puedo ver que usa vestido, él acaricia sus caderas y sube sus faldas cada vez que la toca, ella parece disfrutarlo…no, no parece lo disfruta, tengo claro que es lo que pasará y decido dejar de mirar para no entorpecer ese encuentro, mas mi deseo de mirar, observar, fisgonear es más fuerte…apago las luces, me sirvo más vino mientras el jazz sigue sonando, la escena se vuelve

demasiado necesaria de mirar, ambos están frente a frente, se besan, se tocan ella lleva su mano a la bragueta del pantalón y aunque no puedo verlo claramente tengo la certeza que la baja y mete su mano, mis pezones se endurecen y no sé si es por el frio y porque la imagen que veo me provoca…él la toma del pelo y la baja, la deja a la altura de su bragueta abierta, un perro ladra y él se  pone alerta, mira hacia todos lados y me ve, sí me ve, pero no le importa es mas siento que eso lo excita más y con feroz movimiento lleva la cara de ella hacia él, por el movimiento

puede entender que él penetra su boca que ella le entrega placer ahí en ese callejón algo oscuro, mi cuerpo reacciona mis pezones aún más duros, un calor provocado por el vino y la excitación me invade, desbotono mi camisa y toco mis pechos, los aprieto y juego con mis duros pezones, sé que él me ve, nos vemos…la levanta y la sube sobre el capot del auto,  proyecta su mirada  hacia mí antes de montarse sobre ella, no sé si mi ardor me hace alucinar pero estoy segura una invitación para unirme a ellos y así desde mi balcón comienzo a buscar mi sexo húmedo y dilatado, juego con mis dedos alrededor de mis labios, rozo mi clítoris así como por casualidad, no quiero apresurar el momento la fiebre por sentir me invade y quiero que dure más, sigo jugueteando y me penetro superficialmente con mis dedos, no quiero cerrar mis ojos pero el placer que sube me exige hacerlo, vuelvo a mirar y él está sobre ella moviéndose con furor, no escucho nada ni un solo gemido de ella, él le tapa la boca, es más parece tapar su cara completa, me mira…sí me mira a mí, él sabe lo que estoy haciendo pero eso no me perturba, por el contrario me enciende más, tanto que introduzco mis dedos en mí y me entrego a sentir; la electricidad comienza a  recorrer cada fibra de mi cuerpo, contraigo mis muslos y muevo mi cabeza…desesperante sensación de placer, mis dedos están inundados con mis jugos, no puedo controlarme más, en necesario explotar de una vez miro hacia donde están, él me mira directamente puedo apreciar que hay una sonrisa cómplice en su rostro, mueve su cabeza como en señal de decir ya, ahora¡ yo acepto y me entrego a darme placer, ya no puedo abrir los ojos con mi espalda en la pared me contraigo y me estremezco, siento como cada cm de mi cuerpo se tensa, estoy al límite, un cosquilleo ardiente invade mi sexo y  un gemido que más bien parece alarido sube de mis entrañas y se escapa por mi garganta y toco el infinito en un segundo, una mezcla de placer y algarabía… cómplice es mi sentimiento, el vino quedó derramado por el suelo y mi cuerpo se poco a poco por la pared mientras el éxtasis de un orgasmo nublaba toda mi razón por un momento…así tirada en el piso, enciendo un cigarrillo y de rodillas me acerco a mirar si aún siguen ahí, ahí están…ella arregla su ropa y se coloca sus bragas, el sube su pantalón y acomoda su camisa, para mi sorpresa él le entrega algo y ella se marcha…mientras levanta su mano dirigiéndose a mí, la agita me lanza un beso, toma su auto y se va…                  

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