El visitante

El visitante

Las tentaciones son difíciles de manejar, quedarte sola en casa con un visitante inesperado puede ser fatal…aun cuando se trate del hermano de tu novio…

21

Capítulo

Con esta nueva forma de vida y tanta restricción en los horarios el sexo en estos días se ha tornado complejo, con mi novio decidimos irnos a vivir juntos y han sido meses intensos, donde no paramos de follar cada vez que podemos. Al 5to mes de vivir juntos Daniel me pide recibir a su hermano que quedó sin trabajo, será algo temporal me dijo, no fue una idea que me agradara demasiado, nuestra privacidad se vería intervenida pero accedí ante su petición, También me pidió ser un poco menos “expresiva” cuando tuviéramos sexo, dijo que hablaría con César para que nos diera 1 día en la semana y así dar libertad a nuestros deseos, soy una mujer muy ardiente y me gusta innovar, descubrir y experimentar nuevas sensaciones, me complace expresar a mi hombre cuando siento y deseo placer y guiarlo para que encuentre aquellos lugares donde tocarme y besarme hasta hacerme estallar. Daniel lo sabe y me sigue en cada alocada idea que le propongo; tomados los acuerdos César llegó a nuestro departamento, Daniel trabaja como representante de ventas de un reconocido laboratorio médico y esto lo obliga a viajar mucho; estos últimos meses y dada las condiciones de pandemia no lo había hecho pero ya era momento de retomar, el sintió gran tranquilidad sabiendo que no quedaría sola y que podría recurrir a César ante cualquier necesidad, sólo que no me aclaró que tipo de necesidades eran las que podía satisfacer su hermano.

Un jueves por la tarde Daniel tomó su maleta y viajó al Norte, serían 15 días; cuídate mucho me dijo besándome antes de salir y luego le dijo a su hermano quedas a cargo, cuida a mi mujer, sé que queda en buenas manos se abrazaron y Daniel se fue. Esa noche cenamos César y yo luego nos fumamos un cigarrillo en el balcón y nos retiramos a dormir.

Así pasó la primera semana, la misma rutina vernos en las noches cuando yo volvía del trabajo. Él estaba en casa siempre y esperaba mi llegada con algo rico para cenar, era un as en la cocina y yo disfrutaba de endosar esa responsabilidad. Esa noche de viernes demoré un poco más de lo acostumbrado, pasé a casa de una amiga que no veía hace mucho y entre copas y mucha charla la hora pasó más rápido de lo que esperaba, tanto que mi móvil timbró y al contestar escuché la voz de César que preocupado me preguntaba si estaba bien, yo algo prendida por el alcohol contesté riendo, sí claro que lo estoy pensé que sólo Daniel era el celoso, ya voy a casa tranquilo.

La verdad fue más de un par de copas las que tenía encima y al parecer se notaba pues César dijo, deja el auto ahí yo voy por ti, no conduzcas ahora salgo para allá, entonces y como vendría por mí decidí tomar la última copa de despedida. Camino a casa César me dijo… ¿haces esto también cuando Daniel está aquí? yo me reí y contesté mmmm la verdad cuando tu hermano está aquí hago cosas más interesantes y placenteras con él, César sonrió me miró y contestó, tengo claro que sí anoche fue prueba de ello. La noche anterior al viaje de Daniel y rompiendo la regla de mi autocontrol, tuvimos sexo desenfrenado ya que serían muchos días los que estaría fuera; lo siento dije con un dejo de vergüenza muy falso, era nuestra despedida, ¿nos escuchaste?, César rio y dijo, no sólo yo creo que todo el edificio. Llegamos a al departamento, entramos y César dijo bien ya es hora de dormir, naaaaaaaaaa ¿cómo?, aún es temprano y mañana no trabajo, anda sírveme algo de eso rico que se preparaste para mí, está bien dijo.

Coloqué música y me serví una copa; ¿no te parece que ya has bebido suficiente? Dijo, nunca es suficiente, nunca nada es suficiente para mi contesté mientras me quitaba los zapatos y soltaba mi pelo; oye César ¿tú siempre eres así?, ¿cómo así?, así tan…tan ordenado, tan tranquilo, tan…tan. ¿aburrido? dijo interrumpiendo, sí tan aburrido, ¿te parece?, sí…me parece te hace falta ser más atrevido, ¿tienes novia?, no contestó, eso te falta una novia, te falta sexo o ¿no sientes ganas? le pregunté con sarcasmo, César dejó lo que hacía y vino hasta mí me miró y me dijo ¿eso crees?, ¿qué me falta sexo?, sí contesté…y tú tienes bastante para entregar ¿no? ¿Cómo crees que me siento en las noches cuando escucho los golpes contra la pared y sé que mi hermano te está cogiendo? me calientas sabes, ardo en ganas de ser yo el que te meta todo y sólo puedo masturbarme y acabar junto a ti escuchando tus gemidos; ¿te masturbas pensando en mí? le dije ¿en la mujer de tu hermano?, sí me contestó, ¿quieres sabe algo? anoche cuando tiraba con tu hermano cerraba los ojos y pensaba que eras tú el que me cogía y golpee la pared más fuerte porque quería que me escucharas, porque tengo unas ganas incontrolables de saber que tal eres en esto.

Mientras lo decía miraba descaradamente hacia la bragueta de César y podía ver claramente como estaba abultada por su erección, al darse cuenta él tomó mi mano y la puso sobre su bulto y dijo mira cómo me tienes,  ¿piensas dejarme así?, no contesté me coloqué de rodillas y bajé su cierre, su falo salió casi como un disparo fuera de su pantalón, bajé su ropa interior y lo llevé a mi boca, comencé a chupar y a disfrutar ese pedazo de verga que tenía para mí, ambos estábamos muy excitados. César apoyaba una mano en la pared y con la otra tomaba mi cabeza, mientras yo escuchaba como gemía disfrutando mis chupadas, rápidamente me fui calentando hasta comenzar a sentir que me mojaba.

Mientras lamía su verga miraba hacia arriba y veía la cara y las expresiones de César demostrando cuanto disfrutaba el oral que le daba, eso me encendía más; mi cara, mi pecho esteban bañados de mis babas y los líquidos que emanaban de la verga de César; la succionaba y la pasaba por mi rostro, la coloqué entre mis tetas para que la deslizara, el tiraba de mi pelo con fuerza y yo sabía que era para aguantar y no correrse, me levanté y fui hasta la mesa del comedor, me senté en ella y coloqué una pierna en cada silla, abriéndolas en lo que era una clara invitación, se acercó con su falo recto de tan erecto que lo tenía, lo toque y era una roca, duro y caliente, se acercó a mi sexo y quiso quitar mis bragas, no le dije, sólo córrela eso me excita más; lo hizo y jugó con su lengua en toda mi intimidad, lamía y tiraba de mis labios, jugueteaba metiendo la punta de su lengua y rozaba mi clítoris lo que me hacía saltar; dedicó unos minutos a eso y si bien lo disfrutaba lo que yo quería, lo que deseaba en verdad era que me penetrara, que me ensartara y se complaciera en mí. Entonces levanté con mi mano su cara y le dije métela, César me dirigió una mirada casi salvaje, sus pupilas estaban dilatadas y obedeció a mis palabras que no se bien si fueron una orden o una petición, me dio la vuelta colocándome contra la mesa y metió su encendida espada dentro de mí, quedó pegado a mi cuerpo y se tomó de mis tetas aferrándose con sus manos, así comenzó a darme y a darme penetradas, empujándome a mi contra la mesa y la mesa dando golpes contra la pared, me decía así te escuchaba anoche perra, cuando mi hermano te la metía, así quería tenerte…mía, hacerte sentir como yo también puedo hacer que grites.

Sus palabras tan salvajes sólo eran comprables a la ferocidad de cómo me penetraba, gocé cada minuto de eso, cada embestida, cada apretón de mis tetas y cada palabra indecente que salió de su boca. Dame más le decía más fuerte, mientras me quejaba y gemía furibunda por el placer que me provocaba, sigue le pedía, no te detengas, más…él jadeaba y me daba lo que pedía, me dijo voy a correrme, entonces le dije espera y me puse a sus pies, recibí su descarga sobre mi cara, su leche caliente corría por mi rostro mientras yo saboreaba la suave salinidad de su semen. César me miraba delirante, casi sin creer lo que veía, yo sonreía malévolamente a sabiendas de lo que había provocado y me gustaba, finalmente y sea dicho, sólo cumplimos con lo que Daniel dijo al partir y en verdad yo recurrí a su hermano ante una tremenda necesidad.

 

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