En Llamas

EN LLAMAS

La soledad y conocer que cosas me dan placer me ha llevado a contar esta noche de lujuria muy única e intima..
Desnudo mis deseos más naturales e instintivos por el placer de un macho junto a mi…
Te invito a que escuches y compartas este hermoso relato con tus mejores amigas y amigos.


Relato: Mabel P.
Producción:MR Oscuro

18

Capítulo

Los días de encierro en la cuarentena pasan largos e interminables, parece que las vidas estuviesen congeladas, cada mañana es igual y lo peor son las noches. Acostumbrada a salir de copas a disfrutar y gozar la vida, este encierro me está matando. Vivir sola ha sido fantástico, compartir mi cama y mis noches con quien se me venga en gana me ha hace sentir poderosa. Cada viernes volvía a casa acompañada, tenía todo el sexo que quería, disfrutaba cada amante y cada aventura fugaz que aparecía, pero esto ha sido del terror. Mi cuerpo pide a gritos sentir otra piel, mi boca extraña esos besos lujuriosos y la cómplice morbosidad de una mirada, el roce de una mano recorriéndome, la cogida implacable de un hombre que sólo desea complacerme y el disparo violento y caliente del semen de un macho al inundarme. Hace meses que no se nada de eso y ya no puedo más, mis juguetes sexuales no me bastan, tocarme y masturbarme imaginando la verga ardiente de un varón en mí… ya no es suficiente.

Deseo tanto sentirme penetrada, ansío tanto correrme y sentir esa cascada de jugos que se desliza entre mis piernas cuando alcanzo el orgasmo. Todo esto pasa por mi cabeza mientras juego con mis pezones que ya se sienten duros e imagino que es otra mano la que me toca. Me invade un fuego interno que me quema por dentro, los febriles latidos de mi vulva me indican que estoy excitada ¿y qué hacer?; descalza camino de un lado a otro, estoy en llamas, mi cuerpo expele deseo y creo puedo sentir el aroma del sexo. Tomo mi ordenador y repaso imágenes y registros que he guardado de eventuales encuentros, esta noche nada me sirve, nada me satisface, ni fotos ni videos, es un cuerpo lo que quiero es un hombre lo que mi sexo demanda y entonces lo encuentro, ahí está…ese registro que juré borrar y no lo hice; la mejor mamada que he dado en mi vida. Me recuesto en el sillón de mi sala en penumbras sin quitar mis ojos de esa imagen, desabotono lentamente mi camisa, sólo eso llevo bragas y camisa, es un erótico juego el que inicio donde me observo lamiendo una verga que me complace. Humedezco con mi lengua mis labios evocando el sabor de ese miembro, lo saboreo mientras el fuego crece y crece dentro de mí, me pongo cómoda frente al ordenador y comienzo a tocarme sin dejar de mirar y disfrutar cada segundo de lo que allí veo. Los recuerdos vienen a raudales, como me sentía y como lo hacía sentir; mis gemidos, sus quejidos, sus susurros diciéndome sí, así…sigue; todo eso me excita tanto o más como en aquel momento. Esta noche soy mi amante, esta noche satisfago yo mis deseos; bajo lento mi mano rozando mi piel que ya algo suda, desde mi pecho bajo por mis tetas las tomo y las dejo caer pesadas, consistentes y duras, me acaricio y rozo mis pezones, humedezco mis dedos y los envuelvo en mi saliva, recorro el sendero que va a mi pelvis que ya siento dilatada y ardiente. Hago a un lado mi ropa interior y palpo mi humedad, me castigo a mí misma sin penetrarme, sé que si lo hago me acabaré, me obligo a esperar, se paciente me repito en mi cabeza como si fuera él quien me lo dice. Busco mi punto exacto aquel que me conecta con la oscura indecencia de lo prohibido, froto mi pequeño punto rosa que ya está inflamado, lo acaricio con uno de mis dedos emulando una lengua deseosa y bestial; debo parar pues mi cuerpo se contrae anunciando que ya viene, pero quiero más. Ahora sí hago partícipe a uno de mis juguetes lo meto, sí ¡lo meto suavemente y comienzo la danza febril de la penetración. Primero suave abriendo el camino que ya se desborda con mis jugos, mi respiración se agita y mi corazón acelera sus pulsaciones voy aumentando el ritmo, cada vez más rápido cada vez más violento, hasta desatarme en un meter y sacar de mis entrañas esta daga que me atraviesa. Cierro mis ojos y sigo gimo, jadeo y casi grito aprieto mis labios, los muerdo no me detengo y siento la electricidad que me invade; continuo fuerte me digo a mí misma ¡más! y sigo. Tengo mi cuerpo contraído y me retuerzo en el sofá. Ya no gimo ¡grito¡, lo hago de placer, de gozo, de plenitud; es la última embestida me entrego todo, un bestial bramido sale de mi garganta y extasiada caigo en el sofá. El orgasmo llegó y me desploma; mis piernas conducen la cascada de líquidos que emanan de mi ser, lo hice, lo sentí y los disfruté. Esta noche me hice el amor, estoy en llamas como nunca imaginé.

 

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