Hasta un nuevo amanecer

HASTA UN NUEVO AMANECER

Pasaron de amigos a amantes, sin preguntas ni exigencias, solo una cosa en común los une EL MISMO DESEO Y EL MISMO PLACER.Sigue nuestro canal para escuchar más relatos Comparte este relato con tus amigas y amigos. 

  • Relato: Mabel P. 
  • Producción: Mr Oscuro

19

Capítulo

Osvaldo e Isabel trabajan en la misma empresa se conocían desde estudiantes, nunca fueron muy cercanos hasta reencontrarse en el ámbito laboral. Él fue el amor platónico de muchas liceanas incluso de Isabel; ella nunca fue particularmente bonita ni atractiva, el tiempo se convirtió en su mejor aliado ya que la popularidad que la juventud le negó, la adultez se la entregó a manos llenas y desencadeno en ella, una estampida de seguridad, coquetería y ansias de seducción. Pocos muy pocos hombres lograban negarse a los encantos que Isabel fue ganando con el pasar de los años, se convirtió en una mujer segura y sensual, atractiva para cualquier hombre.

Desde el primer día ella recibió a Osvaldo con mucha amabilidad y le ayudó mucho con todo lo referente al trabajo; así comenzó a forjarse una cercanía entre ellos que poco a poco fue tornando en amistad. Osvaldo seguía siendo motivo de miradas y comentarios por parte de las mujeres y si bien no era lo que podríamos llamar un galán, tenía ese no qué, que hacía a las féminas caer rendidas a sus pies. El hecho de estar casado no le impedía coquetear y muchas veces concretar citas a escondidas con diferentes mujeres, compartía con Isabel sus aventuras y su relación crecía en confianza y cariño. Sin embargo, una tarde de un día cualquiera todo eso cambio; Isabel buscaba en la bodega de la empresa unos documentos que debía adjuntar a un informe, pasó mucho tiempo ahí. Desde que llegó se zambulló entre el mar de papeles tanto así que no compartió el clásico desayuno de oficinistas con Osvaldo como era habitual. Por ese motivo y a media mañana, él llegó hasta donde se encontraba Isabel, le llevó   una merienda toma le dijo, para que no te desmayes de hambre, muchas gracias contestó ella, le dio un sorbo al café y continuo. Dio la espalda a Osvaldo mientras registraba las repisas y gavetas y de pronto sintió la cercanía de él a sus espaldas; no era primera vez que ellos estaban tan cerca y no obstante sintió un escalofrío que la recorría de pies a cabeza. Quedó inmóvil, no era capaz de voltearse mientras la respiración de Osvaldo cada vez se sentía más cerca de su cuello. En un acto irreflexivo se dio la vuelta y quedó enfrentada cara a cara con él, se miraron sin pronunciar palabra y sin más Osvaldo la tomó por la cintura y la besó; ella respondió a su beso sólo por breves momentos, luego se apartó con desconcierto, lo miró unos segundos y se abalanzó a besarlo apasionadamente. Ese segundo beso fue largo y cargado de ansiedad de pronto sintieron pasos y una voz que llamaba a Osvaldo, dónde estás; se separaron en el momento exacto que uno de los compañeros entró en el lugar. Osvaldo salió de allí junto a su colega e Isabel quedó sola y sin entender aún cómo y por qué había ocurrido esto. Pasaron varios días y no se habló del asunto, pero Isabel no logró volver a ver a Osvaldo como hasta ese momento. Así nació en ella una loca idea iría tras la conquista de Osvaldo, ahora ella se sentía segura y casi con el poder de tener al hombre que quisiera. Comenzó su estrategia de seducción, para provocar otro encuentro, pero esta vez algo más íntimo. Osvaldo no cambió en nada el trato hacia ella y menos sus habituales escapadas con otras mujeres; esto enardecía más los deseos de Isabel por tener su atención. Pasaban los días y ella no veía avance pese a utilizar una y otra artimaña para atraerlo; ocupó todos los pretextos para provocarlo, pero nada, nada hasta ese día. Llegó la hora de salida, ella caminó por la costa como de costumbre, gustaba mucho de hacerlo ya había avanzado varios metros lejos de su trabajo cuando sintió la bocina de un auto, al mirar vio que era Osvaldo, él le dijo ¿dónde vas? a casa contestó ella, sube te llevo, no te preocupes dijo me gusta caminar, Isabel ansiaba que él insistiera y así fue; subió entonces al auto; ¿por qué te haces de rogar? dijo Osvaldo ella rio y dijo porque no soy fácil de convencer, él la miró  y contestó ¿estás segura? y sin más comenzó a conducir por la larga avenida costera, en una dirección que distaba mucho de ser la que llevaba a casa de Isabel. Ella se dio cuenta y con una falsa ingenuidad preguntó ¿dónde vas? creo has equivocado el camino, no contestò èl, este es el camino, dicho esto dio volumen a la radio y no hablaron más. Comenzaron a alejarse de la ciudad y la carretera comenzó a tornarse más y más oscura; Isabel sentía como las palpitaciones de su corazón se aceleraban, lo había conseguido, Osvaldo ya había caído en sus redes. Llegaron a un páramo a un costado del camino, Osvaldo detuvo el auto y por unos minutos ambos quedaron mirando el oscuro horizonte, donde el reflejo de la Luna en el Mar era la única luz que existía. Eran segundos de tensión de ansiedad, ella pensaba en qué momento darían el siguiente paso… y así estaba cuando al unísono enfrentaron sus miradas y una vez más sus bocas se encontraron; se besaron apasionadamente ambos agitados y deseosos el uno del otro. Las palabras no eran necesarias ya que el lenguaje corpóreo lo decía todo, la intensidad de sus besos fueron encendiendo sus deseos y sus cuerpos acusaron esto con la rigidez del pene de Osvaldo y la humedad que impregno la ropa interior de ella; la mano de Osvaldo sedeslizó  en los pechos de Isabel cada roce en sus pezones la excitaban más, correspondió a esto empuñando en su mano la verga de Osvaldo que ya se encontraba dura; no pudo contener sus ganas de sentirla de sacarla fuera de su pantalón y así lo hizo. Estaba caliente y palpitante y eso le provocó mayor excitación; él deslizó su mano bajo su vestido y corrió su ropa interior jugueteando con sus labios vaginales y rozando fugazmente su clítoris. Con cada toque que le daba a Isabel, ella sentía que la invadía el deseo de ser tomada, prontamente los asientos del auto cayeron hacia atrás, Isabel engulló el pene de Osvaldo y comenzó a darle de mamadas mojándolo por lo completo, disfrutando el sabor salobre que de él se desprendía.

Varios minutos estuvo en este rito hasta que Osvaldo excitado a más no poder la tomó con fuerza y la montò sobre él; entonces y gracias a la firmeza de la erección que él tenía, ella se dejó caer sobre su verga, ensartándose por voluntad a la vez que comenzaba una especie de coreografía sexual, moviéndose al comienzo de manera muy lenta y provocadora alzándose de vez en cuando amenazando con sacarla de su cavidad. Esto mantenía a Osvaldo en una euforia de erotismo y pasión haciendo que sintiera ganas de más, ella se movía de arriba abajo y a veces hacia ruedos con sus caderas lo que enloquecía a Osvaldo. Acercò su pecho al rostro de él y colocò sus tetas en su cara entonces el abrió su boca y tragò lo que más pudo de sus tetas; las chupaba con total inmoderación, tomaba con sus dientes sus pezones y los estiraba para luego soltarlos y volver a chupar. Isabel sentía eléctricas descargas que llegaban a su vulva y se encendía como un faro de luz potente para guiar al barco que debe recalar; pero en este caso deseaba guiar a Osvaldo para que la penetrara aún más profundo. Así ambos lujuriantes y excitados dieron rienda suelta a su apetito sexual, sin necesidad de argumentos se entregaron al desenfreno y ella comenzó a saltar como una bestia en celo sobre el encendido y candente pene de Osvaldo; las ventanas del auto se empañaron y el sudor corría por sus cuerpos, Isabel golpeaba con su cabeza en el techo del auto, alzò los brazos y se sostuvo en él, así se impulsaba para hacer llegar la penetración de Osvaldo más profundo aún.

Se dieron uno a otro mutuo placer por largo rato, los gemidos que fueron apareciendo mutaron en quejidos y terminaron en iracundos gritos de ella, le pedía más, le exigía más rómpeme le decía, quiero que me ensartes y me atravieses, toma contestaba él, aquí tienes lo que quieres eres una zorra exquisita. Isabel sintió que se venía sus piernas se acalambraron, pero no le importò, siguió saltando sobre Osvaldo, metió sus dedos en su boca los humedeció y colocó su saliva en sus pezones; eres mía Isabel le decía Osvaldo, no contestaba ella ni tuya ni de nadie, si eres mía insistía él dilo. Isabel inundada de fruición incontrolable ya no era dueña de si; sometida a la voluntad de la verga de Osvaldo gritò siiii soy tuya hazme acabar. Osvaldo se incorporó pasò sus manos por la espalda de ella y comenzó a estocarla con todas las fuerzas que podía, Isabel jadeaba y gritaba eso dame más, házmelo rico, soy tu puta.

Cada palabra era más apasionada más caliente más impúdica pues el final estaba cerca, el orgasmo y la corrida estaba por llegar; así, así sigue no pares, por favor no pares; fue lo último que gimió y gritò antes de caer sobre él. Un caudal de jugos viscosos y fluidos lechosos corrieron ente sus cuerpos, ambos alcanzaron el clímax y satisfechos se dejaron ir. Desde ese día de ese primer encuentro, 14 años han pasado y estos amantes continúan su historia a hurtadillas, bajo el alero clandestino de la impunidad, se encuentran en lugares secretos, generando furtivas escapadas para darse placer. Nunca existió un te quiero, nunca una demanda; ninguno presiona al otro y sin embargo sólo una cosa quieren en común: un día que no saben cuándo, en el mismo lugar del primer encuentro, cogerse y consumar sus deseos pero esta vez y sòlo esta vez… HASTA EL NUEVO AMANECER.

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