La cazadora

LA CAZADORA

Hoy quiero contarte una de las tantas alocadas experiencias que he vivido, todos tenemos esos deseos oscuros y ocultos, aquellas fantasías en el sexo que muchas veces no se logran concretar.

Había una de muchas fantasías que inundan mi perversa imaginación, quería saber y sentir lo que era una doble penetración. Con algunas parejas que pasaron por mi cama lo había intentado, claro que éramos nosotros y algún juguete sexual, si bien me provocaba placer, no lograba deleitar del todo el sórdido deseo que me provocaba imaginarme penetrada por dos vergas. 

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Capítulo

Hoy quiero contarte una de las tantas alocadas experiencias que he vivido, todos tenemos esos deseos oscuros y ocultos, aquellas fantasías en el sexo que muchas veces no se logran concretar.

Había una de muchas fantasías que inundan mi perversa imaginación, quería saber y sentir lo que era una doble penetración. Con algunas parejas que pasaron por mi cama lo había intentado, claro que éramos nosotros y algún juguete sexual, si bien me provocaba placer, no lograba deleitar del todo el sórdido deseo que me provocaba imaginarme penetrada por dos vergas. Una noche me fui de copas sola a un antro del centro de la ciudad, un lugar donde quienes asistían lo hacían con el principal objetivo de ligar y tener sexo, llegué pasadas las 10 y 30 al bar, podía escuchar la música y sentir ese inconfundible aroma mezcla de cigarrillos y alcohol, para muchos puede ser pestilente, sin embargo, producen en mí una suerte de eretismo sexual muy poderoso. Al encontrarme frente al lugar, dudé si debía entrar, pero una pareja que salía dejó entreabierta la puerta y pude fisgonear el ambiente cargado de sensualidad, erotismo y sin dudas de sexo, mucho sexo disponible. Comencé a abrirme paso entre la multitud, hasta lograr sentarme en la barra, pedí un margarita; me sentía ansiosa y muy excitada ante la situación, yo sola en una noche de cacería y mi objetivo, dos presas.

Mientras bebía los veo, como si la influencia de eros se manifestara en mí, en una mesa a unos pocos metros estaban ellos, dos hombres que cautivaron mi interés, me enfoqué en conseguir mi inmoral objetivo. Sin sutileza fijé mis ojos en el primero que estaba frente a mí, lo miré con insistencia hasta lograr su atención, una vez conseguida, levanté mi pierna para cruzarla, no sin antes permitir que viera que bajo mi ceñido vestido negro no llevaba ropa interior, pagaría por haber inmortalizado su cara al darse cuenta de esto, no me quitó la mirada de encima; me observaba hipnotizado mientras yo bebía. Disfrutaba de su  mirada lujuriosa que claramente mostraba todo lo que en su cabeza pasaba, es un placer indescriptible lo que siento al percibir el deseo de un hombre, sus pupilas se dilatan y me parece escuchar la efervescencia de su sangre caliente, que lo recorre y lo hace anular su raciocinio,  para dejarlo en su más básico y natural estado de macho viril, Me uní en el centro del bar a un grupo que bailaba a sabiendas de ser observada y como buena cazadora, comencé a moverme enviando claras señales de sexualidad, el mensaje decía  “ven y tómame”, dejaba que imaginara cuanta cosa quisiera, al girar estaba frente a mí. El contacto visual hizo lo suyo y bailamos por un rato, rozamos nuestros cuerpos de manera intencionalmente casual, la tensión de su bragueta era claro indicador de su erección; eso me provoca satisfacción, deseo y me enciende. Me acerqué a su cuerpo, me apegué a él y metí mi mano entre su ropa, sentí su pene duro y húmedo le dije al oído “sígueme”, salí del bar y doble una esquina justo en el callejón donde había estacionado; mi presa 1 fue tras de mí y como no hacerlo si la inflamación de su miembro le exigía descargarse ya. Me encontró y se lanzó directo a besarme, por la premura de sus besos y su ansiedad calculo no más de 35 años, fogoso, ardiente y deseoso de concretar más este era mi juego y mis reglas. Dejé que me besara que me tocara cuanto, como y donde quiso y cuando subió mi vestido tomé sus manos me arrodille ante él, abrí su pantalón y liberé su robusto y latente miembro que por efecto de la erección estaba recto y goteante. Comencé a lamer por los lados llenándolo de mi saliva, sin llevarlo dentro de mi boca, la pintura de mis labios quedó marcada en su piel, era un juego provocador quería que me lo pidiera que me  deseara, que demandara me tragara todo su falo, cuando el tomó mi cabeza con sus manos para masturbase en mi boca, me puse de pie tomé su verga con mi mano y con la voz más zorra que pude le dije, “que te parece si invitamos a la fiesta a tu amigo”, no es posible describir su expresión al escuchar mi propuesta, sus ojos se abrieron de asombro y excitación,  guardó su pene, subió su cierre me dijo dame un momento,  apoyé mi espalda en la sucia pared del callejón, encendí un cigarrillo y comencé la espera, ya estaba hecho…iba ahora por mi presa dos.

Cuando aparecieron sus caras de entusiasmo eran el perfecto aderezo perverso para mí, me sentía la perra más perra esa noche, tiré mi cigarrillo, caminé hacia mi auto, los miré y sin palabras los invité a subir. Algo ansioso uno de ellos quiso meterme mano y el otro miraba embobado, les dije “calma chicos, esto lo haremos bien y a mi manera, ¿ok?” ok… respondieron. Llegamos a mi Depto. podía ver en sus ojos la agitación que les producía la espera por tomarme, por tocarme, había logrado uno de mis objetivos, convertirme en objeto de deseo de dos hombres. Fui por unas copas, se las entregué en sus manos; yo sabía lo que quería y como lo conseguiría. Ellos tomarían y me darían lo que yo les permitiera,  me acerqué a uno coloqué mi espalda contra su pecho, levanté mis brazos y deje caer el alcohol sobre mí, él comenzó a recorrerme paso por mi cintura y caderas, llevando sus manos hacia mis pechos los acariciaba mientras besaba mi cuello, su amigo se unió y quedé en medio de ellos, ambos me recorrían me besaban y acariciaban y yo sentía sus miembros duros, uno pegado a mi culo y el otro rozando mi vientre. Sentía como mi intimidad se humedecía y esos sutiles latidos interiores que indican a una hembra que está preparada para ser poseída. Estar entre dos machos era mi fantasía y administraba mis tiempos y sensaciones para disfrutar cada detalle; uno se quitó la camisa y sentí su piel fresca y firme, el otro bajo los tirantes de mi vestido y me lo quitó evidenciando la desnudez que yo ya había insinuado en el bar; bajó hacia mis caderas y con sus manos separó mis nalgas, lamió con su lengua toda la entrada de mi culo, cada roce de su lengua estremecía mi cuerpo, un estimulante cosquilleo se apoderaba de mis zonas sensibles. El otro al ver mi evidente calentura tomo mis tetas y comenzó a chuparlas, daba suaves mordiscos en mis pezones que me generaban dolor, no tan intenso, pero si muy placentero…. Sintiendo una lengua en mi culo y los mordiscos en mis tetas fue inevitable que mi vulva comenzara a arder, la lujuria invadía mi cuerpo y mis zonas erógenas pedían a gritos más placer. Quería sentirlos deseaba tocarlos, me arrodillé ante ellos y de pi ambos frente a mí, apuntaban sus henchidas vergas a mi cara, ambas firmes, erectas y húmedas, que sin embargo no lograban intimidar a esta perra que se preparaba para festinar con ellas. Eso era lo que quería, lo que había buscado y ahora lo tenía frente a mí y estaba decidida a deleitarme y llegar a la gula, en este sabroso banquete sexual. Lamí la punta de sus humedecidos falos, absorbiendo las tímidas gotas de sus fluidos que ya comenzaban a gotear; ellos tensaban sus manos y levantaban sus cabezas, esquivando quizás la imagen de sus vergas en mi boca, tal vez evitando así correrse sin poder evitarlo. Mis exquisitas piezas de caza eran mis galardones esa noche y los disfrutaría a mi entera satisfacción. Llené con mis babas sus penes desde su glande hasta el inicio, saboree sus bolas en mi boca, que sabroso deleite era ir de uno a otro, jugué con ellos en mis tetas que tenían mis pezones inflamados y duros; cuando sentí el sabor salado de sus fluidos, entendí que había llegado el momento que yo esperaba, me dejé caer sobre el respaldar del sofá y mis piernas se abrieron mostrando la entrada a mi intimidad, mi cuerpo estaba dispuesto para recibirlos deseoso de ser tomado sin contemplación alguna y es más, provocando intencionalmente que se desatara en mi la bravura y furia de estos dos titanes y así lo hicieron…fui tomada por ambos…uno se posó sobre mi rostro, colocó otra vez su pene en mi boca,  el otro hurgaba  en mi vagina, jugaba con mis pliegues y separaba mis labios, frotaba mi clítoris, los espasmos me contraían, su lengua sustituyó a su dedo y me daba un oral de aquellos que no se olvidan. Mis muslos se acalambraban ante mi resistencia por acabarme ya quería tenerlos dentro de mí; mi fantasía, esa doble penetración se transformaba en una pervertida realidad. Uno de ellos me agarró de las caderas y metió su pene hasta el fondo, moviéndose frenéticamente por tanta excitación, el otro miraba extasiado este cuadro lascivo, con una pierna sobre el sofá y la otra en el suelo se la corría sin dejar de observar lo que su amigo me hacía; con total vehemencia y ya sin poder contener sus ganas, apartó a quien me penetraba y tomó su lugar. Dentro de mi salaz curiosidad y mientras sentía las acometidas yo observaba todo y lo disfrutaba de manera brutal, sentir como me poseían y verlos corrérsela, era un espectáculo de total obscenidad, que me satisfacía y complacía en grado sumo. Cuando sentí que mi orgasmo podía llegar, me tendí de espaldas en el sofá, estábamos sudados y febriles, debíamos culminar nuestra aventura juntos. Entonces abrí mis piernas y comencé a jugar con los labios de mi vagina suavemente frotando mi clítoris mientras ellos, ambos, se masturbaban mirando yo hacía lo mismo, anclando mi mirada en ellos; era una escena exquisitamente obscena y amoral, pero era lo que había buscado y era lo que había conseguido. Los gemidos y quejidos se confundían, estábamos gozando los 3 y yo…yo mucho más ¡Mi cuerpo se estremeció completo y supe que mi orgasmo venía, les grité… me voy a acabar¡¡¡ y fue entonces que sentí, el impacto de la mezcla de la eyaculación de ambos sobre mí no podía mirar sus caras pues cerraba mis ojos y mordía mis labios aguantando la fuerte energía que me invadía. Escuchaba sus gemidos que se confundían con los míos…una gran parte de su semen cayó sobre mi cuerpo y con mi mano lo esparcí para mancharme completa, mientras que otra parte cayó en mi cara y dentro de mi boca, lo que terminó por extasiarme, provocándome un mega orgasmo que me hizo acabar gritando y jadeando de tanto placer. Lo demás es parte del mito y el suspenso, si los volví a ver o no, eso me lo reservo…soy Mabel y escribo para ti

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